9. feb., 2020

Lección 167, Día 40, -326

SÓLO HAY UNA VIDA Y ÉSA ES LA VIDA QUE COMPARTO CON EL CREADOR.

No existen diferentes clases de vida, pues la vida es como la verdad. No admite grados. Y al igual que todos Sus Pensamientos, no tiene opuesto. La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno. Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve suspiro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte.

El énfasis que este curso ha puesto en esta idea se debe al papel central que ocupa en nuestros intentos de que cambies de parecer con respecto a ti mismo. Es la razón de que no puedas morir. Su veracidad te estableció como uno con Dios. La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Creador. Es la creencia de que las condiciones cambian y de que las emociones varían debido a causas que no están bajo tu control, que no son obra tuya y que tú jamás puedes cambiar. Es la creencia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo diferente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma.
La muerte no puede proceder de la vida.

La mente puede pensar que duerme, pero eso es todo. No puede cambiar su estado de vigilia. No puede hacer un cuerpo, ni tampoco habitar en un cuerpo. Lo que es ajeno a la mente no existe porque no tiene una fuente. Lo opuesto a la vida tan sólo puede ser otra forma de vida. Dios sólo crea mentes despiertas. Él no duerme, y Sus creaciones no pueden poseer algo que Él no les confiera, ni dar lugar a condiciones que Él no comparte con ellas. Lo que parece ser lo opuesto a la vida es meramente un sueño. Cuando la mente despierta, sencillamente continúa siendo como siempre fue. Seamos hoy criaturas de la verdad, y no neguemos nuestro santo patrimonio. Nuestra vida no es como nos la imaginamos.

Hoy no pediremos la muerte en ninguna de sus formas. Tampoco dejaremos que ni siquiera por un instante cosas imaginarias que aparentemente se oponen a la vida moren allí donde Dios Mismo estableció el Pensamiento de vida eterna. Hoy procuraremos mantener su santo hogar tal como Él lo estableció y como Su Voluntad dispone que sea eternamente. Él es Dueño y Señor de lo que hoy pensamos. Él creó como una unidad de vida que no puede separarse con la muerte ni abandonar la Fuente de vida de dónde provino.

Compartimos una sola vida porque tenemos una sola Fuente desde la que nos llega la perfección, la cual permanece por siempre en las santas mentes que Él creó perfectas. Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos siempre. La mente que duerme no puede sino despertar, según ve su propia perfección reflejando al Señor de la Vida tan perfectamente que se funde con lo que allí se ve reflejado. Una mente despierta es aquella que conoce su Fuente, su Ser y su Santidad.