6. feb., 2020

Lección 164, Día 37, -329

AHORA SOMOS UNO CON AQUEL QUE ES NUESTRA FUENTE

¿En qué otro momento sino ahora mismo puede reconocerse la verdad? El presente es el único tiempo que hay. Y así, hoy, en este mismo instante, ahora mismo, podemos contemplar lo que se encuentra ahí eternamente, no ante nuestra vista, sino ante los Ojos de Cristo. Él mira más allá del tiempo y ve la eternidad representada allí. El mundo desaparece fácilmente ante Su vista. Sus sonidos se vuelven más tenues. Una melodía procedente de mucho más allá del mundo se vuelve cada vez más clara: una Llamada ancestral a la que Cristo da una respuesta ancestral. 4Tú reconocerán tanto una como otra, pues no son sino tu propia respuesta a la Llamada que te hace tu Padre. ¡Cuán fácilmente te olvidas de todos tus aparentes pecados, y dejas de recordar todos tus pesares!

Hay un silencio que el mundo no puede perturbar. Hay una paz ancestral que llevas en tu corazón y que no has perdido. Hay en ti una sensación de santidad que el pensamiento de pecado jamás ha mancillado. Hoy recordarás todo esto. La fe con la que practiques hoy te aportará recompensas tan grandes y tan radicalmente diferentes de todas las cosas que antes perseguías, que sabrás que ahí está tu tesoro y tu descanso. Ahora se hace visible lo que realmente está ahí, mientras que todas las sombras que parecían ocultarlo simplemente se sumergen en la nada. Ahora se recupera el equilibrio, y la balanza del juicio se deja en manos de Aquel que juzga correctamente. Y mediante Su juicio, se desplegará ante tus ojos un mundo de perfecta inocencia.

Hermano, éste es un día sagrado para el mundo. La visión que se te ha concedido, la cual procede de mucho más allá de todas las cosas del mundo, las contempla ahora bajo una nueva. luz. Y lo que ves se convierte en la curación y salvación del mundo. Tanto lo valioso como lo insignificante se percibe y se reconoce tal como es. Hoy no juzgaremos. No recibiremos sino aquello que nos llega procedente de un juicio que se emitió desde más allá del mundo. Bendecimos al mundo al contemplarlo en la luz en la que nuestro Salvador nos contempla a nosotros, y le ofrecemos la libertad que se nos ha dado a través de Su visión redentora, no a través de la nuestra.

Descorre la cortina durante tus prácticas renunciando simplemente a todo lo que crees desear. Guarda tus frívolos tesoros, y deja un espacio limpio y despejado en tu mente donde Cristo pueda venir a ofrecerte el tesoro de la salvación. Él necesita tu santísima mente para salvar al mundo. No dejes que este día transcurra sin que los regalos que tiene reservados para ti reciban tu aprobación y aceptación. Si los reconoces, podemos cambiar el mundo Tal vez no puedas ver el valor que tu aceptación de ellos le ofrece al mundo. Pero sin duda quieres esto: poder cambiar todo sufrimiento por dicha hoy mismo. 5Practica con fervor y ése será tu regalo. ¿Le negarías lo poco que te pide cuando Sus Manos le ofrecen a Su Hijo la salvación en su totalidad?