1. feb., 2020

Lección 159, Día 32, -334

DOY LOS MILAGROS QUE HE RECIBIDO

Nadie puede dar lo que no ha recibido. La salvación enseña lo contrario. Al dar es como reconoces que has recibido. . Comprendes que estás sano cuando ofreces curación. En tu hermano te reconoces a ti mismo, y así, te das cuenta de que eres pleno. No hay milagro que no puedas dar, pues todos te han sido dados. Recíbelos ahora abriendo el almacén de tu mente donde se encuentran y dándoselos al mundo. En el espejo tenebroso que el mundo presenta sólo se pueden ver imágenes distorsionadas y fragmentadas. El mundo real representa la pureza del Cielo.
Cristo no ve pecados en nadie. Y ante Su vista, los que son incapaces de pecar son todos uno. La visión de Cristo es el puente entre los dos mundos. Y tú puedes tener absoluta confianza de que su poder te sacará de este mundo y te llevará a otro que ha sido santificado por el perdón.
Éste es el único regalo del Espíritu Santo, el tesoro al que puedes recurrir con absoluta certeza para obtener todas las cosas que pueden contribuir a tu felicidad. Todas ellas ya se encuentran aquí, y se te dan sólo con que las pidas. No hay enfermedad que no esté ya curada, carencia que no se haya suplido, ni necesidad que no haya sido satisfecha en éste, el áureo tesoro de Cristo.
Aquí es donde el mundo recuerda lo que perdió cuando fue construido. Pues aquí se lo repara y se le renueva, pecó bajo una nueva luz. A nadie se le niega la entrada a este nuevo hogar donde le aguarda su salvación. Nadie es un extraño aquí. La visión de Cristo es la tierra santa donde las azucenas del perdón echan raíces. Tienen necesidad de la luz y del calor, así como del amoroso cuidado que la caridad de Cristo les provee. Necesitan el amor con el que Él las contempla. Y se convierten en Sus emisarios, que dan tal como recibieron.

Toma lo que quieras de Su depósito, para que sus tesoros puedan multiplicarse. Las azucenas no abandonan su hogar cuando se traen al mundo. Sus raíces siguen aún allá. No abandonan su fuente, sino que llevan su beneficencia consigo, y convierten al mundo en un jardín como aquel del que vinieron, y, al que retornarán con una fragancia todavía mayor. Ahora son doblemente benditas. Han transmitido los mensajes de Cristo que traían y éstos les han sido devueltos. Y ellas se los llevan devuelta gustosamente a Él.

Contempla el caudal de milagros desplegados ante ti para que los des. No juzgues al Hijo del Creador, sino sigue el camino que el Creador te ha señalado.