9. dic., 2019

Lección 105, Día 343, -22

MÍAS SON LA PAZ Y LA DICHA DEL SER ORIGINAL.

La paz y la dicha de Dios te pertenecen. Hoy las aceptaremos, sabiendo que son nuestras. Y trataremos de entender que estos regalos se multiplican a medida que los recibimos. Los regalos que verdaderamente se dan no entrañan pérdida alguna, ello implicaría un límite y una condición de insuficiencia. Uno de los principales objetivos de aprendizaje de este curso es invertir tu concepto de lo que es dar, de modo que puedas recibir. Acepta la paz y la dicha de Dios, y aprenderás a ver lo que es un regalo de otra manera.

La dicha de tu Creador aumenta cuando aceptas como tuyas Su dicha y Su paz. Dar verdaderamente equivale a crear, añade a todo lo que ya está completo. Añade en el sentido de que permite que lo que no puede contenerse a sí mismo cumpla su cometido de dar todo lo que tiene, asegurándose así de que lo poseerá para siempre. Acepta hoy Su regalo de dicha y de paz, y Él te dará las gracias por el regalo que le haces. Nuestras sesiones comenzarán de manera ligeramente distinta. Da comienzo al día pensando en aquellos hermanos a quienes les has negado la paz y la dicha a las que tienen derecho. Al negárselas a ellos fue cuando te las negaste a ti mismo.

Piensa en tus 'enemigos' por un rato y dile a cada uno de ellos según cruce tu mente:
Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha del Creador sean mías.

De esta manera te preparas para reconocer los regalos que Dios te ha dado, y permites que tu mente se libre de todo lo que te podría impedir triunfar hoy. Ahora estás listo para aceptar el regalo de paz y de dicha que Dios te ha dado. Ahora estás listo para experimentar la dicha y la paz que te has negado a ti mismo.
Ahora puedes decir: "Mías son la paz y la dicha de Dios", pues has dado lo que quieres recibir.

Permitido que se levanten todas las barreras que te separan de la paz y de la dicha, y que por fin te llegue lo que es tuyo. Di, pues, para tus adentros: "Mías son la paz y la dicha de Dios"; cierra los ojos por un rato y deja que Su Voz te asegure que las palabras que pronuncias son verdad. Pasa hoy cinco minutos con Él de esta manera cada vez que puedas. Cuando menos, acuérdate de repetir cada hora las palabras que lo exhortan a que te dé lo que es Su Voluntad dar y lo que es Su Voluntad que tú recibas.

Y si algún hermano pareciese tentarte a que le niegues el regalo que Dios le ha hecho, considera eso como una oportunidad más para permitirte a ti mismo aceptar los regalos de Dios como tuyos. Bendice entonces a tú hermano lleno de agradecimiento y di:

Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha del ser original sean mías.