27. nov., 2019

Lección 93, Día 331, -34

Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado. Piensas que si alguien pudiese ver la verdad acerca de ti sentiría tal repulsión que se alejaría de ti como si de una serpiente venenosa se tratase. Estas creencias están tan firmemente arraigadas en ti que resulta difícil hacerte entender que no tienen fundamento alguno. Que has cometido errores es obvio, que te has dejado engañar y que a tu vez has engañado; que has tenido miedo y que te has postrado ante ídolos de polvo también es claro.

Hoy vamos a poner en tela de juicio todo esto, desde un punto de referencia muy distinto, desde el cual tales pensamientos vanos carecen de sentido. ¿Por qué no habrías de dar saltos de alegría cuando se te ase¬gura que todo el mal que crees haber hecho nunca ocurrió; que todos tus errores no son nada; que sigues siendo tan puro y santo como fuiste creado, y que la luz, la dicha y la paz moran en ti?

El ser que tú fabricaste no es el Hijo de Dios. Por lo tanto, no existe en absoluto. No es bueno ni malo. Es simplemente irreal; nada más. Tu impecabilidad está garantizada por Dios. Nada puede afectarla, y nada puede cambiar lo que Dios creó eterno. La salvación requiere que aceptes un solo pensamiento: que eres tal como Dios te creó, y no lo que has hecho de ti mismo. Tu impecabilidad está garantizada por Dios.
En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy, las cuales serían más provechosas si las llevases a cabo durante los prime¬ros cinco minutos de cada hora de vigilia, comienza afirmando la verdad acerca de tu creación:

La luz, la dicha y la paz moran en mí.
Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

Luego deja a un lado las disparatadas imágenes que tienes de ti mismo, y pasa el resto de la sesión de práctica tratando de experimentar lo que Dios te ha dado, en lugar de lo que tú has decretado para ti mismo. Trata de experimentar la unidad de tu único Ser. Trata de apreciar Su santidad y el Amor del que fue creado. Trata de no ser un obstáculo para el Ser que Dios creó como lo que tú eres. Permítele venir ahí donde le corresponde estar. Ahí estás tú; Eso es lo que eres. Y la luz, la dicha y la paz moran en ti porque esto es así.

Trata de dedicar los primeros 5 minutos de cada hora para hacer estos ejercicios. Acuérdate por lo menos de repetir estos pensamientos cada hora:

La luz, la dicha y la paz moran en mí.
Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

Trata luego de dedicar un minuto más o menos, con los ojos cerrados, a cobrar conciencia de que se trata de una afirmación de la verdad acerca de ti. Si surge alguna situación que parezca perturbarte, desvanece la ilusión de miedo de inmediato, repitiendo de nuevo estos pensamientos. Si te sientes tentado de enfadarte con alguien, dile silenciosamente:

La luz, la dicha y la paz moran en ti.
Tu impecabilidad está garantizada por Dios.

Hoy puedes hacer mucho por la salvación del mundo. Hoy puedes hacer mucho por desempeñar más fielmente el propósito que el origen te ha asignado en este proceso de despertar. Y hoy puedes asimismo hacer mucho por convencer a tu mente de que la idea de hoy es en efecto la verdad.