24. nov., 2019

Lección 90, Día 328, -37

PERMÍTASEME RECONOCER EL PROBLEMA PARA QUE PUEDA SER RESUELTO.

Hoy elijo darme cuenta de que el problema es siempre alguna forma de resentimiento que quiero abrigar, que la solución es siempre un milagro al que le permito ocupar el lugar del resentimiento. Hoy recuerdo la simplicidad del despertar, reforzando la lección de que sólo hay un problema y sólo una solución.
El problema es el resentimiento, la solución un milagro, e invito a la solución cuando perdono la causa del resentimiento y le doy la bienvenida al milagro que entonces ocupa su lugar.

Puedes usar las siguientes sugerencias para el uso concreto de esta idea:

Esto supone un problema para mí que quiero resolver.
El milagro que se encuentra tras este resentimiento lo resolverá por mí.
La solución a este problema es el milagro que el problema oculta.

PERMÍTASEME RECONOCER QUE MIS APARENTES PROBLEMAS SE HAN RESUELTO.

La única razón de que parezca tener problemas es que estoy usando el tiempo indebidamente, creo que el problema ocurre primero y que se debe transcurrir cierto tiempo antes de que pueda resolverse. No veo el problema y la solución como eventos simultáneos. El origen ubicó la solución junto al problema, de manera que el tiempo no los pudiera separar. Ahora comprendo que es imposible que yo pudiera tener un problema que no hubiese resuelto ya.
Puedes usar las siguientes sugerencias para el uso concreto de esta idea:

No tengo que esperar a que esto se resuelva, porque ya está resuelto.
La solución a este problema ya se me ha dado, si estoy dispuesta a aceptarla.
El tiempo no puede separar a este problema de su solución.